domingo, 24 de marzo de 2013

El día en el que estuve a punto de morir.

Alguien gritaba mi nombre mientras yo me dejaba llevar por aquella paz tan parecida a la que tenia en casa. No recordaba cuando había sido la ultima vez que había sentido aquello, algo andaba mal, podía imaginarlo, pero la sensación no me dejaba pensar en nada mas. La vida me había dado golpes como el oleaje. Oleaje, tenia algo que ver aquella palabra con algo, hice mi esfuerzo mas grande por recordarlo, pero no creía conseguirlo. Fue cuando comenzó el dolor en mi pecho, en mis brazos y en mi cabeza. Luego llego la desesperación  y fue ahí cuando lo supe, estaba muriendo. Nadie nota el dolor al menos que lo este sintiendo, y eso me estaba pasando, no había notado el dolor que había atravesado en toda mi vida, hasta que pase de el, y ahora que comenzaba a pensarlo, me parecía estúpido. Intente gritar, y oí un grito a lo lejos, por un momento, me pareció el eco de mi voz, pero no podía ver nada, dolía, y mucho.

¿Donde estoy? sin abrir los ojos pude ver todo lo que me esperaba, iba a morir, y no había dicho adiós  Mi papa me odiaría toda la vida, mi mama lloraría culpándose, por haberme dejado irme lejos y mi hermana lo sentiría unos días y luego pensaría que la vida sigue, me gustaba esa actitud de ella, ahora me parecía cruel. Todo comenzaba a tomar sentido, y el imbécil que dijo que te pasa tu vida en cuestión de segundos, mentía  Mi vida no paso por ninguna parte, lo cual agradecí  no necesitaba castigarme pensando en la mil y un cosas malas que había hecho la semana pasada. 

Y fue cuando lo sentí  alguien sosteniendo mi brazo, alguien liberándome del efecto de la desesperación  alguien acabando con mi miseria y dejándome vivir. Y fue cuando mire a mi papa, a mi mama, a mis hermanos, a todos los que una vez me hicieron llorar, a todos los que una vez gritaron al verme, los que me hicieron reír  la chica que compartió su desayuno conmigo una vez, la música que me gustaba oír mientras hacia mi tarea, la isla, los nuevos amigos, la playa, los mensajes de texto que había recibido, el juego, las olas, y la vida, la dulce vida que sabia a postre después de una buena cena. Y así fue como, sin abrir los ojos aun me di cuenta que nunca los había abierto para nada, siempre había querido ver lo que me parecía y quien iba a decirlo, cuando te sientes desesperado y crees que ya no hay mas que decir, descubres que tienes mil palabras preparadas para todo eso. Y juro que en ese momento, a unos instantes de posiblemente haber muerto, a unos instantes de arruinarles el paseo a mis amigos, a unos instantes de dejar las cosas sin final en mi vida, me sentí parte del mundo.

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